Revista Palta | AMAR ENTRE LIKES
2015
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AMAR ENTRE LIKES

Hace un tiempo, en el lapso de algunos meses que no puedo determinar con exactitud, tuve un amorío por chat vía Instagram. Fueron largas noches las que estuve ahí, pegado a la pantalla de mi celular, controlando el visto y releyendo algunas respuestas que ella me daba con bastante naturalidad, ocurrencias hermosas que me encantaban y nos hacían reír.

Habíamos empezado a construir una fantasía, un amor a medias, casi falso y distante. ¿Falso? Ella vivía muy lejos y a ninguno de los dos nos alcanzaba la plata para viajar, pero lo nuestro, a cientos de kilómetros, fue real; nos alimentábamos mutuamente, nos consolábamos, peleábamos como las parejas que se besan y se rozan, nos perdonábamos y volvíamos a otra cosa. Algo existía.  

Anoche vi Aloys, una película alemana del 2016, y me dio impresión, me sentí parodiado, un poco víctima del relato. Lo que parecía un policial transmutó en una historia de amor por teléfono, un juego fantástico. Una mujer roba las cintas de filmación de un detective, lo llama y juega con su desesperación. Son vecinxs, apenas se cruzaron una vez; ella es extraña, él mucho más, vive sólo, es huérfano, tiene más de cuarenta años y, como en un trueque que cambia de sentido, ella lo pone en jaque: siempre por teléfono, lo lleva a divagar, es cuestión de apoyar la cabeza en la pared e imaginar que están en un bosque, sobre un gran tronco de abeto, buscándose, escapando de todo, el trabajo, los duelos y la vida común y monótona de esa región de Alemania.

Yo: Tengo miedo de verte. (02:05 a.m.)

Ella: Yo también [emoticón triste] (02:05 a.m.)

Yo: O sea (02:07 a.m.)

Yo: Es que es muy fácil así (02:07 a.m.)

Ella: Jaja [emoticón de gatito] (02:07 a.m.)

Ella: Y si no hablamos más? (02:08 a.m.)

Ella: Total nunca te voy a ver (02:08 a.m.)

Creo que así lo quiso. Esa fue una de nuestras últimas charlas, a veces me pone me gusta, como un saludo. Pero qué hago con mi propia película, dónde recupero la energía vital que puse en imaginar, sin querer o no, todo lo que podía suceder si nos conocíamos y terminábamos saliendo «de  verdad».

Me encanta pensar que de todos modos habrá un sentido porque lo nuestro fue genuino. Recuerdo la sensación de algo que se renueva cuando me mandó el primer audio, hacía dos meses que chateábamos y sólo tenía su cara, una cara medio escondida porque nunca fue de sacarse selfies. Ahora tenía una voz, medio cansina y rasposa. «Nuestras voces generan una imagen. Nuestras palabras lo pusieron en movimiento», le dice Vera a Aloys en una de las escenas.

¿Dónde acaba?

Ellxs hacen phone-walking, así lo llaman. Caminar, verse y tocarse a través de señales telefónicas, en un plano abstracto. Podrían ser sobres de papel, podría ser Instagram: la fantasía es el lugar. Ahí Vera y Aloys, ahí ella y yo. Quizá algún día deje de seguirme o se ponga en pareja y yo vuelque toda mi imaginación en otra persona. Real o no. Porque, después de todo, siempre tengo la posibilidad de terminar enredado entre los cables del teléfono como Aloys, o perdido en los algoritmos de mi propia película. Solo.

Nicolás Fernández Ramos
[email protected]